lunes, 16 de mayo de 2016

Radiohead - A Moon Shaped Pool

2016 - A Moon Shaped Pool - Radiohead
A-

Burn The Witch
Daydreaming
Decks Dark
Desert Island Disk
Ful Stop
Glass Eyes
Identikit
The Numbers
Present Tense
Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief
True Love Waits


Mejor canción: ¿"Daydreaming"?, ¿"Identikit"?

Es probable que el nuevo trabajo de Radiohead sea el lanzamiento discográfico más importante que la industria musical verá en mucho tiempo. Y no tanto por la innegable calidad de la obra, sino por lo que el grupo y sus grabaciones de estudio representan para tanta gente.

Son el único conjunto activo de músicos capaz de suscitar tanta expectativa, de aglutinar toda la atención de medios especializados, entusiastas de la música y detractores por igual. 

Es de celebrarse que Radiohead haya salido, por ahora, de la catalepsia electrónica y la abstracción autocomplaciente presentes en su disco anterior, en canciones sueltas publicadas en los últimos años y en álbumes solistas y proyectos de Thom Yorke como Amok y Tomorrow's Modern Boxes

Radiohead A Moon Shaped Pool 2016A estas alturas, a la banda poco le importan las melodías y los coros contundentes; menos aún las expectativas francamente ridículas que ubican al quinteto como los redentores del rock y falacias similares. 

En lugar de eso, Yorke y compañía se limitaron a grabar un racimo de canciones bellamente producidas y orquestadas, que reiteran el hecho de que la banda tiene su propia agenda a seguir, ubicada muy lejos de las expectativas rompe-esquemas de la crítica y los fans. 

A Moon Shaped Pool es un incesante vaivén emocional que tiende más hacia el lado depresivo de su principal compositor. Una mixtura de temas oscuros en los que logran colarse destellos luminosos y viceversa: piezas radiantes con un toque justo de pesimismo. Textbook Radiohead. 

En lo musical, parece más la continuación natural de In Rainbows que de The King of Limbs. Sus ensoñadoras atmósferas nocturnas y coqueteos con el jazz, el blues y el folk, transparentan ecos de Nick Drake, Portishead y Björk, aunque impregnados del inconfundible sello compositivo de Thom Yorke. Hay algo que une a todas estas canciones, una especie de elegancia inasible que sólo Radiohead puede confeccionar. 

Los arreglos sinfónicos y de guitarra clásica dejan claro que Jonny Greenwood está cada vez más cerca de convertirse en un multiinstrumentista neoclásico —a la Philip Glass y Steve Reich—, y cada vez más lejos de sus días como guitarrista marcado por el rock alternativo y la radio colegial de los 80. Y ello, por supuesto, repercute en el sonido de todo el grupo. 

En contraste, la separación de Thom con la que fue su esposa durante más de 20 años parece ser un punto nodal en las letras del disco y en particular en la muy esperada "True Love Waits". 

Mi hipótesis es que, para este corte, el cambio de arreglos y de algunos acordes fueron necesarios no sólo para que la composición encajara mejor en el álbum, sino también para dejar en claro —de una buena vez— que ésta no es una canción de amor (creencia por la que tantos fanáticos la celebran a la menor provocación). Su verdadera naturaleza se revela al leer entre líneas: versan más sobre una relación desgastada por el flujo constante de la monotonía, que acerca de una pareja felizmente inmersa en una dinámica colmada de lugares comunes.  

Y son este tipo de canciones y mensajes con los que Yorke nos golpea de frente, una y otra vez, con sus habituales dosis de realidad respecto a la condición humana y las relaciones interpersonales. Ineludible, inapelable. Para algunos resultará cansino. A otros tantos, nos sigue moviendo las entrañas. 

Radiohead ha entregado un gran álbum. Y eso, en tiempos de una escasez cualitativa que parece aquejar a la escena musical toda, es digno de aplaudirse.

P.D: "Spectre" habría sido una gran inclusión y no hubiera desencajado para nada con el resto del disco. Una pena que se quedara en calidad de lado B. 


«Dreamers. They never learn»

martes, 14 de octubre de 2014

Depeche Mode - 101

1989 - 101 - Depeche Mode
A-

CD I....................................................CD II

Pimpf......................................Black Celebration
Behind The Wheel...............Shake The Disease
Strangelove............................................Nothing
Sacred.........................Pleasure, Little Treasure
Something To Do..................People Are People
Blasphemous Rumours...................A Question Of Time
Stripped ................................Never Let Me Down Again
Somebody.............................A Question Of Lust
The Things You Said.......................Master And Servant
..........................................Just Can't Get Enough
................................................Everything Counts


Mejor canción: "Stripped" (CD 1),  "Shake The Disease" (CD 2) 

101. Un número significativo para todo fan de Depeche Mode y aún más para el grupo mismo. La fecha: 18 de junio de 1988, el concierto número ciento uno y el último del Music for the Masses Tour. En otras palabras, la prueba de fuego para los cuatro de Basildon, pues fue para entonces su presentación más grande en todos los sentidos. Su primer concierto para las masas.

   Contrario a lo pudiera pensarse, Depeche Mode estaba ya lejos de ser lo que su nombre sugiere: una moda pasajera. Se habían convertido en una banda de estadios, sólo que aún no estaban seguros de ello y se debía principalmente a que el público norteamericano parecía aún no comprender su música del todo.

   Prueba de ello fue cierta experiencia desagradable que el grupo tuvo en la época del Black Celebration. Según relata Alan Wilder, cuando lanzaron "Stripped" como sencillo —uno de sus temas más sofisticados hasta entonces y al que le habían dedicado una cantidad exorbitante de tiempo—, los ejecutivos de Sire Records, por alguna extraña razón, decidieron sustituirla en Estados Unidos por "But Not Tonight", un tema mucho más radiable, comercial y el cual se habían tardado menos de un día para grabar. La banda enfureció por tan arbitraria decisión, pues a pesar de que la canción suele ser muy bien recibida y es una especie de tema de culto entre los fanáticos de toda la vida, a Gore y Wilder les desagraba por ser tan simple y tendiente al pop. La canción tuvo un éxito moderado, mientras que "Stripped" fue olímpicamente ignorada. Aquello los convenció de que el público yanqui se inclinaba mucho más a las canciones pop de fácil digestión y que ello impedía que sus canciones de temáticas más turbias tuvieran un verdadero impacto en aquellas tierras dominadas por Michael Jackson y Madonna. Quizás con un poco de razón.

   Sin embargo, había cierta región de los EU que profesaba una devoción absoluta hacía el grupo: el sur de California, donde los fans de Depeche Mode se contaban por centenares y se hallaba la estación de radio KROQ, la cual los programaba con bastante frecuencia. Aquello los llevó a plantearse una posibilidad que por entonces parecía descabellada: concluir su tour en el Rose Bowl de Pasadena, California, un estadio con capacidad para 70 mil personas y que no había sido usado para un concierto de rock desde los setentas.

   No sólo eso, sino que también lo grabarían para la posteridad en un disco doble y se realizaría un documental del tour y de esta última presentación. Los mandamases de Mute y Sire Records pegaron el grito en el cielo al enterarse de sus planes, desconfiando de la popularidad del grupo y temerosos de que no pudieran llenar el recinto e hicieran el ridículo. Ello representaría un fracaso enorme para el grupo y todo su staff. Pero al final, inteligentes ellos, decidieron darles luz verde.

   El encargado de dirigir la filmación fue D.A. Pennebaker, un veterano en el ámbito del rockumental y quien ya era casi una leyenda por sus documentales de gente como Hendrix, Bob Dylan, David Bowie, Alice Cooper y una larga lista. El concepto de la película es una especie de road-movie que muestra a Gahan y compañía recorriendo los Estados Unidos al lado de un selecto grupo de fans, y concluye con la presentación en el Rose Bowl.

   Cuando llegó el tan esperado día todo parecía ir en contra del grupo: el clima no era bueno, las pruebas de sonido se habían retrasado por horas y la banda estaba muy nerviosa, pues jamás habían tocado ante tanta gente. Aún había incertidumbre sobre si lograrían llenar la imponente casa del equipo de fútbol de la UCLA.

   Como si se tratara de una cruel broma, la lluvia comenzó a caer de súbito justo al momento en que interpretaban "Blasphemous Rumours", la que afirma que «Dios tiene un retorcido sentido del humor». Aquello resultaba de lo más tragicómico, pues se dice que en California jamás llueve en esa época del año.

   Pero a pesar de todas las adversidades, de alguna manera lograron sacar adelante la presentación y consiguieron registrar un gran álbum en vivo. Si bien hay algunos temas que no se alejan mucho de sus contrapartes de estudio ("The Things You Said", "Nothing", "Sacred", "People Are People") hay otras que aquí encuentran su versión definitiva y sobrepasan bastante a las originales: "Stripped", con su intro mucho más imponente y épico; la versión absoluta e inmejorable de "Black Celebration"; la siempre efectiva "A Question Of Time"; la entonces nueva y ahora himno "Never Let Me Down Again"; y la acertadísima "Shake The Disease", un single suelto lanzado entre su quinto y sexto disco.


   Si bien el grupo no se olvida del todo de su primera etapa, es evidente que el setlist se enfoca en el material del Some Great Reward y posteriores. Sólo incluye al final la innecesaria "Just Can't Get Enough" y la siempre bienvenida "Everything Counts", otro de esos temas que en este recital encuentra su mejor versión y que fue incluso lanzada como sencillo más tarde. Imperdible la manera en que el público canta a capella el estribillo por más de un minuto luego de terminarse el tema, al grado de que Dave Gahan termina de rodillas ante el micrófono, con lágrimas en los ojos.

   Al final, todo salió como se esperaba o incluso mejor: con 101, parecían haber alcanzado su cenit comercial y artístico. Es un documento audiovisual que muestra a la banda en la cima del mundo, a la cual llegaron incluso antes de que publicaran el que a menudo es considerado su trabajo más redondo: ViolatorAntes del perfeccionismo del extravagante Flood, antes de "Enjoy The Silence" y "Personal Jesus" y antes de sus Canciones de Fé y Devoción... Depeche Mode bien pudo haberse retirado en este punto, desaparecer de los escenarios. Su legado habría sido enorme de todos modos.


«Some people have to be permanently together. Lovers devoted to each other forever»

martes, 7 de octubre de 2014

Depeche Mode - Music For The Masses

1987 - Music For The Masses - Depeche Mode
A-

Never Let Me Down Again
The Things You Said
Strangelove
Sacred
Little 15
Behind The Wheel
I Want You Now
To Have And To Hold
Nothing
Pimpf

Mejor canción: "Behind The Wheel" y "Never Let Me Down"

  Títulos engañosos y grandilocuentes sí los hay. Un nombre como Música Para las Masas fue malinterpretado por más de uno como un descarado sell-out por parte de los Depeche Mode. Pero lo cierto es que fue un gesto más bien un tanto irónico que nada tenía que ver con el contenido del disco; pues es de hecho uno de sus trabajos más arriesgados y menos complacientes publicados hasta ahora. Canciones no del todo apropiadas para las masas...

   Para 1987, Depeche Mode era una banda aún muy joven. No solía prolongar mucho su descanso entre una gira y otra. Todo lo contrario: apenas terminaba un tour, los cuatro ya estaban de nuevo con Daniel Miller en el estudio fabricando nuevos clásicos. 

   Gore y compañía insistían con la idea de reinventarse disco tras disco. O al menos sonar bastante diferentes en cada uno. Para lograrlo esta vez tuvieron que romper dos condiciones que para entonces se habían convertido en zonas de confort para el grupo: grabar en Berlín y trabajar a lado de sus hasta entonces inseparables productores, Daniel Miller y Gareth Jones.

  Para lo primero tuvieron que mudarse a Paris y rentar un nuevo estudio. Para lo segundo, se asociaron con otro entendido de las consolas de grabación: David Bascombe. No es que Daniel Miller —quien ya era una especie de padrino del grupo— desapareciera por completo de la ecuación, sino que más bien se quedó en un segundo plano, sólo supervisando al equipo y ya no interviniendo directamente en el proceso creativo.

   El cambio de ciudad y de productor les sentó muy bien, pues aunque existe cierta continuidad respecto a lo mostrado en Black Celebration, este sexto trabajo se siente y se escucha bastante diferente. El viejo cinema Guillaume Tell de Paris fue remodelado y transformado en un estudio de grabación. Sus amplios ecos y espacios acústicos se dejan sentir en los paisajes opresivos y góticos de varios de los temas del disco. Sí, hay un par de cortes con claras intenciones comerciales: "Strangelove" y la versión mucho más bailable de "Behind The Wheel" editada para la radio; pero el resto del material es de lo más oscuro y experimental que Gore había compuesto hasta entonces. La portada del disco no refleja en absoluto lo que es en verdad Music For The Masses.

   Para 1987, los sampleos ya no eran algo nuevo, y aquellos sonidos extraños y desconocidos por los que la banda se distinguía, se habían vuelto una práctica común que ya no impresionaba como antes. Tampoco lo era ya el hecho de que existiese una banda que prescindiera por completo de guitarras y confeccionara su música casi exclusivamente a partir de teclados y sintetizadores. 


   La reinvención de su sonido tuvo que venir de otra parte y esta vez fue desde el proceso compositivo, que aquí alcanza un muy alto nivel de sofisticación: cortes deliberadamente soberbios y épicos (la clásica obertura que es "Never Let Me Down Again" y el amenazador cierre con "Pimpf" y su siniestro minimalismo); atmósferas sucias y asfixiantes (la estructura cíclica y perfecta de "Behind The Wheel" y la muy experimental "Little 15", una de esas cosas bizarras que sólo a Depeche se le ocurría grabar); piezas más radiables y accesibles con un ligero toque pop bailable (el éxito radial "Strangelove" y la elegante "Sacred"); y claro, no pudieron faltar las siempre honestas baladas cantadas por Martin Gore: la conmovedora e hipnotizante "The Things You Said"la inquietante y lujuriosa "I Want You Now". Resultan interesantes incluso algunos lados B, como la curiosa "Pleasure, Little Treasure"que parece sacada de dos discos atrás, y ese híbrido entre cover y remix a "Route 66", que combina aquél viejo rocanrolito gringo con fragmentos de "Behind The Wheel".

   Por si fuera poco, ya para estas fechas, Anton Corbijn parecía comprender cada vez mejor la música del grupo y aquello se reflejaba en el icónico y muy reconocible arte visual de los videoclips y las fotos de la banda. El público norteamericano comenzaba a prestarles más y más atención: se habían convertido en un fenómeno masivo. Todo marchaba a favor del cuarteto y de alguna forma parecía que habían alcanzado su cúspide creativa. Pero en realidad aún les faltaba mucho por recorrer.


«See the stars, they're shining bright. Everything's alright tonight».

martes, 30 de septiembre de 2014

Depeche Mode - Black Celebration

1986 - Black Celebration - Depeche Mode
A-

Black Celebration
Fly On The Windscreen (Final)
A Question Of Lust
Sometimes
It Doesn't Matter Two
A Question Of Time
Stripped
Here Is The House
World Full Of Nothing
Dressed In Black
New Dress
But Not Tonight

Mejor canción: "Black Celebration" y "Stripped"

  En 1982, apenas unos meses después de que su disco debut saliera a la venta y colocara con éxito algunos sencillos en la radio, los miembros de Depeche Mode se encontraron con la inesperada noticia de que su compositor principal, Vince Clarke, abandonaba el grupo. 

   Harto de las giras, las entrevistas, los autógrafos y todas esas cosas que las estrellas pop están casi obligadas a hacer, Clarke estaba decidido a continuar por su propia cuenta, y vaya que no le fue tan mal, en lo que refiere a lo monetario.

   El resto del grupo, si bien estaba hasta cierto punto devastado por la sorpresiva partida de su hasta entonces líder, se hallaban igualmente decididos a continuar con el proyecto y reemplazar a Clarke. Su respuesta a esta crisis como banda fue un anuncio en el diario musical NME, en el que sin decir quiénes eran solicitaron a un tecladista menor de 21 años.

    Uno de los que llegaron a leer esta publicación fue un tal Alan Wilder, un joven que, pese a su corta edad, era ya un músico experimentado y había estado en algunas otras bandas. Según relata Dave Gahan, las audiciones para sustituir a Vince Clarke resultaron tan extrañas como entretenidas, y gente de toda clase acudió a probar su suerte: extravagantes personajes y un montón de gente bien vestida lucieron sus más elegantes ropas y dotes histriónicos, pero también sus escasas habilidades con los sintetizadores.

   Cuando fue el turno para Wilder —quién había mentido respecto a su edad, pues en realidad tenía 22 años—, el grupo quedó no sólo azorado por sus habilidades, sino intimidado también. Y al momento en que aquél punkie-goth de corte glam y pelos alborotados comenzó a tocar con facilidad todo aquello que le pedían (cosas cada vez más complejas, como tocar una línea rítmica de bajo mientras ejecutaba a la vez una melodía), se dieron cuenta al instante de que el tipo no sólo era bueno, sino que también los sobrepasaba mucho como intérpretes. 

   No titubearon en aceptarlo, si bien pasó un buen tiempo antes de que se le considerara un miembro oficial de Depeche Mode. 

   Ya para su tercer y cuarto disco, Construction Time Again y Some Great Reward, las contribuciones de Wilder fueron más que notorias, y junto con Daniel Miller y Gareth Jones, se convirtió casi en un tercer productor del grupo. Pero Black Celebration, el trabajo que nos ocupa en esta ocasión, fue una especie de consagración para él. Fue donde sus habilidades quedaron exhibidas como en ningún otro disco de Depeche Mode y en el que se robó los reflectores durante los mejores temas, varios de los cuales hoy son clásicos indiscutidos en el catálogo de la banda. 

   A ello hay que sumarle un Martin Gore ya bien encarrilado y en su mejor forma como compositor, quien para este álbum se confirmaba como uno de los poetas malditos de su generación, uno de aquellos músicos incapaces de hallar satisfacción y paz mental; en las mismas ligas que Ian Curtis, Morrissey y Robert Smith. 

   La formación musical formal y el virtuosismo de Alan Wilder en los teclados, en conjunto con la poesía decadente pero no por ello menos bella de Gore, fue lo que permitió a la banda unificar dos corrientes musicales en apariencia contradictorias: el synth pop y el rock gótico. Ello sin demeritar, claro, las extraordinarias performances vocales de Dave Gahan y la.. ehhm... labor de apoyo de Andrew Fletcher.

   Los sonidos industriales y pesados de Some Great Reward se atenuaron un poco en pos de composiciones ligeramente más accesibles y melódicas, pero que aún irradiaban una esencia asaz decadente, lo cual comenzaba a ser el sello distintivo del grupo y la faceta con la que parecían hallarse más cómodos. Atrás quedaron los ocasionales comentarios y críticas sociales de Martin Gore para darle paso a letras mucho más personales y románticas. Es en definitiva uno de los trabajos líricamente más interesantes de Gore. 


  Ya desde la grabación anterior, Alan y Martin habían conformado una muy efectiva mancuerna de trabajo. Gore asegura que el hecho de tener a aquél genio de los teclados dentro de la banda les proporcionaba una gran seguridad como compositores y en especial a él, pues le daba la sensación de tener a su lado a un profesor de música que supervisaba y corregía sus composiciones antes de llevarlas al estudio de grabación. 

   Para esta segunda placa del cuarteto, grabada en Berlín, habían jugueteado con la idea de "llevar a Depeche Mode al siguiente nivel" y de "vivir el disco", por lo que su trabajo dentro del estudio fue más exhaustivo que nunca: sesiones de grabación y masterización maratónicas, de alrededor de 14 horas diarias. El ambiente para todos se volvió tenso, estresante y hasta claustrofóbico. Todo ello se vio muy reflejado en el producto final. 

    Desde la atmósfera siniestra y negrísima de la pista titular, "Black Celebration", hasta el conmovedor cierre con la fan-favorite "But Not Tonight" (que la banda por fin decidió rescatar para su más reciente gira), esta quinta obra de Depeche no tiene desperdicio. 

    Al ser uno de los trabajos más introspectivos y personales del grupo, es también en el que Martin vocaliza más temas que ningún otro disco; cuatro para ser exactos: las bellas y muy honestas baladas "Sometimes" y especialmente "A Question Of Lust"; la muy infravalorada y desgarradora "World Full Of Nothing"; y el extraño experimento que es "It Doesn't Matter Two", la continuación del tema aparecido en el disco anterior, un tanto arruinada por ese permanente arreglo de coros sintetizados: demasiado bizarro incluso para los estándares de DM. 

   Gahan no se queda atrás con las demás joyas del álbum, como la angustiante y subvalorada "Here Is The House"; la oscurísima y sensual "Stripped", con sus magistrales sampleos y arreglos marca Wilder —hasta la fecha reverenciada y remezclada por infinidad de artistas y proyectos electrónicos—; y la osada "A Question Of Time", otro de esos temas de ejecución obligada en sus presentaciones y cuyo videoclip marcó el inicio de su fructífera relación laboral con el fotógrafo y productor Anton Corbijn, principal responsable de la imagen y el característico arte visual que la banda adoptó en sus siguientes trabajos. 

   El único detalle que podría criticársele a esta Celebración negra es que sus temas, en conjunto, adolecen un tanto de auténtica cohesión y se sienten más como un collage de canciones, pese que la mayoría de ellas funcionan muy bien de manera independiente. Son composiciones sólidas, maduras y las mejores que la banda había producido hasta entonces. Parecía mentira que eran los mismos tipos que alguna vez grabaron cosas como "See You" o "Dreaming Of Me". Y esto era apenas el comienzo.



«Your optimistic eyes seem like paradise to someone like me»

jueves, 25 de septiembre de 2014

Depeche Mode: 12 Temas Selectos (Primera parte)

   Antes de continuar con el resto de su trayectoria, quisiera repasar brevemente los mejores temas de la primera etapa del grupo, la cual abarca de 1981 a 1983, es decir, sus tres primeros discos. Debido a su inconsistencia, es un periodo del cual muchos seguidores no tan asiduos prefieren pasar de largo; pero lo cierto es que hay por ahí dispersos varios temas que valen bastante la pena y algunos de los cuales fueron lanzados sólo como lados B. Éstas son, en mi opinión, las mejores piezas de aquellos años.


01.- "New Life" (Speak & Spell)
El primer tema de su primer álbum. Resume bastante bien el sonido del disco y el que la banda adoptaría durante los años siguientes: un uso indiscriminado de sintetizadores, beats bailables y melodías azucaradas a ultranza. Inaugura también el excelente arte visual de sus sencillos, booklets y videoclips, que hasta la fecha sigue siendo impecable. Gran forma de abrir su discografía, si bien, el resto del álbum no está a la altura.

02.- "Ice Machine" (Lado B de "Dreaming Of Me")
Uno de esos lados B de culto que sin problemas supera a varios de los cortes de Speak & Spell y A Broken Frame. Campea un aire agridulce y trágico que ya vislumbra lejanamente la dirección que la banda habría de tomar años más tarde. Gran letra y gran melodía. (Nota al margen: gran cover también el que hizo Röyksopp hace algunos años). 


03.- "Everything Counts" (Construction Time Again)
Uno de sus primeros y mayores aciertos comerciales y en el que ya comenzaban a incorporar elementos industriales y arreglos más trabajados. Una rareza en la que Martin Gore lanza comentarios sociales y políticos, los cuales quedan en segundo plano detrás de esas infecciosas armonías vocales y los pegajosos coros. 


04.- "Photographic" (Speak & Spell)
Hay algo difícil de explicar sobre este tema. Ya sea debido a su esencia remotamente goth, su poesía a la Ian Curtis o su excelente juego de teclados; resulta difícil creer que fue compuesta por Vince Clarke y no por Martin Gore. Existe también una versión alternativa y más enérgica conocida como Some Bizarre Versión, aunque prefiero ésta por su cariz más amenazante y su minimalismo casi robótico. La mejor del disco debut.


05.- "Work Hard " (Lado B de "Everything Counts")
Otro de esos temas por los que los lados B de Depeche Mode comenzarían a ganar cierta reputación. Bizarra y con un fuerte olor a avant-garde alemán, en algún punto casi habría jurado que era un cover a alguien más, pero no, la composición les pertenece a ellos por completo. 



06.- "Leave In Silence" (A Broken Frame)
Con la perspectiva del tiempo y a más de 30 años de distancia, resulta una de las composiciones más maduras del Depeche Mode de aquél periodo. Se me puso la piel de gallina cuando a Gore se le ocurrió rescatarla del olvido en la gira del Touring The Angel, en una versión casi a capella mucho más directa y solemne. La letra es brutal. 


07.- "Pipeline" (Construction Time Again)
Una de las gemas mejor guardadas de su catálogo. Un corte en demasía experimental y atmosférico, incomprendido en su momento y hasta la fecha. Los arreglos y samples de Alan Wilder, impecables.




08.- "Any Second Now (Voices)" (Speak & Spell)
Desde las etapas más tempranas del grupo, cuando a Martin Gore le daba por tomar el micrófono el resultado solía ser bastante bueno. Su estilo para cantar es básicamente el de un Dave Gahan más expresivo y en este caso ejecuta una discreta balada con un sutil dejo a Kraftwerk.



09.- "Dreaming Of Me" (Speak & Spell)
Uno de sus temas más sosos de aquella época, pero igualmente entrañable y capaz de poner de buenas al más cascarrabias. Melodías hippies flower-power, pisanlov y sintetizadores ochentosos. Ni más ni menos. Su sencillo tiene una de las mejores portadas en la discografía de la banda. 


10.- "Puppets" (Speak & Spell): 
De lo más rescatable de su primera placa. Lleva consigo un beat muy bailable, pero las connotaciones sexuales de la letra y el tono acre de la voz de Dave Gahan contrastan bastante con su aparente carácter ingenuo. Röyksopp grabó —de nuevo— una muy buena versión años más tarde.


11.- "The Sun & The Rainfall" (A Broken Frame)
Otro de esos olvidados temas de culto que desafortunadamente no ha sido rescatado por la banda ni interpretada en directo en décadas. Condensa lo mejor del grupo de aquellos años, a través de una letra introspectiva e inteligente, arreglos muy cuidados, una sombría atmósfera y la voz de Gahan que, en esta ocasión, suena mucho más humana. A mi parecer, la mejor de aquél lejano periodo del grupo. 


Pilón / Mención honorífica: 
"The Meaning Of Love" (A Broken Frame):
Un gusto francamente culposo y bastante mejor que la sobrevaloradísima "Just Can't Get Enough". En su defensa (y en la mía), sólo diré una cosa: eran los ochentas.




«What can I say? I don't want to play anymore. What can I say? I'm heading for the door. I can't stand this emotional violence
Leave in silence»

lunes, 22 de septiembre de 2014

Depeche Mode - Some Great Reward

1984 - Some Great Reward - Depeche Mode
B+

Something To Do
Lie To Me
People Are People
It Doesn't Matter
Stories Of Old
Somebody
Master And Servant
If You Want
Blasphemous Rumours

Mejor canción: "People Are People"

   Para Depeche Mode, la etapa adolescente y de búsqueda de identidad como grupo había terminado. Luego de tres discos irregulares y carentes de una verdadera personalidad, el entonces cuarteto culminaba un difícil periodo de transición en el cual habían navegado sin dirección muy clara entre el incipiente techno propio de la época y el synth pop más artificioso. Pero este cuarto trabajo representó para ellos un paso adelante gigantesco y el inicio de la que definitivamente sería su mejor y más prolífica etapa; la cual, por cierto, duró una buena cantidad de años.
   Enterradas quedaron las composiciones pueriles y ridículas de Speak & Spell y A Broken Frame. Asimismo, atrás quedaron los temas insulsos y los experimentos fallidos de Construction Time Again. Si algo distingue a este cuarto larga duración de los nativos de Basildon es la consistencia de sus cuarenta minutos y la solidez de sus nueve temasAquí es donde Martin Gore parece afianzar por fin sus verdaderos dotes como compositor y letrista, Dave Gahan asienta también su peculiar y muy identificable estilo para cantar, Alan Wilder se vuelve ya en una parte vital para el sonido del grupo, mientras que Andrew Fletcher... seguía siendo Andrew Fletcher. 

  Pero lo que más salta a simple vista es la radical transformación que la banda experimentó en esta nueva etapa, pues para la grabación de esta cuarta placa, el grupo, aún bajo el mando del productor Daniel Miller, se mudó a las grises y tensas calles de Berlín, allí donde David Bowie e Iggy Pop habían grabado trabajos como Low y The Idiot, respectivamente, y con los cuales Some Great Reward comparte más de una similitud. 


   El traslado de ciudad influyó en gran medida a que el grupo cambiara no solamente su estilo musical, sino incluso su propia estética: vestimentas negras, pantalones de cuero, cadenas, y maquillaje glam se volvieron parte de su guardarropas y la imagen habitual frente a su público, el cual estaba cada vez más nutrido de goths que empezaban a asociar a al grupo con bandas como The Cure, Bauhaus y Joy Division.

Según recuenta gente cercana a la banda, durante los meses previos a la grabación del disco, Martin Gore atravesaba un periodo altamente autodestructivo y de experimentación sexual que volvió bastante caóticas las sesiones en el estudio. Martin se la vivía día y noche en los bares y fiestas berlinesas, cuya vida nocturna era muy distinta a la de su ciudad natal, Londres. Musicalmente, todo eso se refleja con claridad desde el primer minuto: beats densos y apresurados, percusiones metálicas, atmósferas opresivas, y una imaginería lírica cada vez más introspectiva y cercana a la de Robert Smith. El resultado fue un sonido mucho más refinado y vanguardista que lo mostrado por el grupo hasta entonces, y exhibe sin ningún temor la marcada influencia de bandas industriales alemanas, aunque sin perder lo melódico de sus anteriores trabajos y el intrincado trabajo de teclados y sintetizadores, lo cual seguía siendo su sello distintivo. 


    Ya desde el primer corte, "Something To Do", el cambio es evidente: un beat grueso y robótico irrumpe con violencia para presentarnos la nueva cara de la banda. Un desesperado Dave Gahan canta acerca de su antigua ciudad, de la cual la banda parecía estar harta, pues según decía el propio Gahan, en ella no había nada interesante qué hacer. El papel de Wilder detrás de los sintetizadores y sampleos es cada vez más notorio, y años más tarde Nine Inch Nails no dudaría en tomar prestada una que otra idea de temas como éste. 

    Por si la imagen del grupo no fuera lo suficientemente escandalosa, algunas de las letras de Gore tocaban fibras sensibles de temas que seguían siendo tabú para la época: el comentario social anti-racista de "People Are People" (con su exquisito beat dance-industrial cortesía de Alan Wilder y los enormes estribillos de Gahan), la bizarra y abiertamente sadomasoquista "Master And Servant" (hasta la fecha, su tema más tenebroso y salvaje) con sus sampleos tan brutales como sofisticados, y la no menos polémica y oscura "Blasphemous Rumours" en la cual Martin se cuestionaba lo que muchos otros artistas y filósofos se han preguntado desde tiempos inmemoriales: ¿cómo es que Dios permite el acaecimiento de toda la tragedia y sufrimiento que conlleva la vida humana? Al final Gore no deja de tomárselo con cierta ironía y resulta ser no más que la típica crisis de fe que muchos tenemos en un determinado punto de la vida, pero no por ello el tema dejó de causar cierto revuelo entre las mentes más sensibles y conservadoras. 


     El contrapeso para la acritud de estos temas son las radiantes baladas concentradas a la mitad del disco, dos de ellas con Martin a cargo de la voz: la introspectiva "It Doesn't Matter", con sus inusuales y bellos arreglos; la muy infravalorada "Stories Of Old" con su interesante letra y gran melodía; y la conmovedora "Somebody", una de las baladas por excelencia de Depeche Mode, aunque un tanto sobrevalorada, a mi parecer. 

   Hay un par de temas que podrían haber sido pulidos un poco más ("Lie To Me", "If You Want"), pero lo cierto es que Some Great Reward es, en su totalidad, un trabajo sólido y contundente que disipó de una buena vez las dudas respecto a las capacidades del grupo. Mientras que por entonces la gran mayoría de bandas y artistas se rascaban la cabeza intentando deducir cómo usar y explotar los nacientes sintetizadores e instrumentos electrónicos sin sonar ridículos, Gore, Wilder y Fletcher habían alcanzado ya un nivel de maestría envidiable con éstos y los habían convertido en su credo. Some Great Reward es prueba irrefutable de ello. Una obra clave en la discografía del grupo; a partir de aquí Depeche Mode jamás volvería a ser el mismo.



«I don't want to start any blasphemous rumors
But I think that God's got a sick sense of humor 
And when I die
I expect to find Him laughing»

lunes, 14 de abril de 2014

Arcade Fire - Neon Bible

2007 - Neon Bible - Arcade Fire
A-

Black Mirror
Keep The Car Running
Neon Bible
Intervention
Black Wave/Bad Vibrations
Ocean Of Noise
The Well And The Lighthouse
(Antichrist Television Blues)
Windowsill
No Cars Go
My Body Is A Cage

Mejor canción: "Intervention"

    «Mi cuerpo es una jaula / Que me impide bailar con la persona a quien amo / Pero mi mente encierra la llave / Estoy de pie en el escenario / De miedo y duda en mí mismo / Es una obra vacía / Pero ellos aplaudirán de todos modos.»

    Aquellos fueron los versos de "My Body Is A Cage" que Win Butler recitó acapella a la mitad de la presentación de Arcade Fire en el Vive Latino 2014. Como era de esperarse, la gente celebró al instante por mera inercia y aplaudió sin chistar, sin saber muy bien el significado de lo que Butler acababa de decirles. Como cuando a Thom Yorke se le revolvían las entrañas cada vez que la gente gritaba y aplaudía después de tocar un tema tan ridículamente depresivo como "Street Spirit (Fade Out)". La elección de Butler a dicho fragmento no fue al azar. Pues a pesar del aplastante éxito que Arcade Fire ha conseguido en los últimos años, Win, Regine y compañía aún parecen hallarse un tanto incómodos ante el reconocimiento y la fama que su música les ha concedido a nivel mundial. El sindrome Kurt Cobain, le llaman. El (des)precio de la fama. 
   
    Aquél pesimismo y desgano parece ser parte del leitmotiv de su segunda placa, Neon Bible, justamente el trabajo que los catapultó al estrellato y los hizo acreedores a incontables premios por disco del año y similares. Porque, si bien, Funeral fue un éxito entre la escena más bien subterránea y dentro de un círculo reducido de seguidores, de Neon Bible fue de donde se desprenderían varios de los temas por los cuales mucha gente llegó a conocer a Arcade Fire. Y no es de sorprenderse, pues mientras que Funeral era un disco mucho más adolescente, personal e íntimo, Neon Bible se presentó como un trabajo mucho más espectacular y propio del rock de estadios y las presentaciones masivas.

  Es de llamar la atención la súbita transformación que el grupo sufrió entre uno y otro disco. Mientras que en su debut eran apenas unos adolescentes confundidos ante la maduración prematura, la muerte de varios de sus seres queridos y la nostalgia hacia los lugares donde transcurrió su infancia y adolescencia —los suburbios—, en este segundo trabajo de pronto se asumieron como figuras públicas con la responsabilidad de transmitir, a través de su arte, algo más que cuestiones meramente emocionales. 

  Es así que las canciones de estos canadienses de pronto tratarían temas políticos, sociales y hasta religiosos, con un mensaje de protesta claro y directo. En este aspecto, remiten un poco a la transformación casi idéntica que en su momento U2 sufrió en su tercer disco, War

    Este cambio tan notable no se limitó a la parte lírica, sino que se reflejó también en la instrumentación y producción mucho más trabajada y grandilocuente en la mayoría de las canciones: órganos de iglesia, campanas tubulares, violas, arpas, arreglos orquestales y demás recursos que no sólo continúan en la vena barroca de Funeral, sino que lo llevan incluso más allá. 

  Pero extrañamente es por lo anterior que Neon Bible no alcanza a conectar emocionalmente con el escucha de manera tan estrecha como sí lo hacía su anterior trabajo, pues a pesar de la innegable calidad de cada pieza, es difícil identificarse con los temas religiosos, antibélicos y antisistémicos que Butler aborda, eso sí, con brillantes letras rebosantes de alegorías e inteligentes metáforas. 


   El mensaje general del álbum es bastante crudo y, en apariencia, desmoralizante. Un grito de guerra canalizado hacia el exterior, hacia el resto del mundo, y ya no sólo hacia adentro y limitado a los suburbios de Win y Regine. Cabe mencionar que, a pesar de que el álbum lanza ataques directos a la iglesia y la hipocresía de la religión, irónicamente fue grabado en una vieja iglesia masónica de Quebec, que la banda restauró y convirtió en estudio de grabación; y es quizá lo que refuerza ese aire apocalíptico e iracundo que Butler transmite en cada verso. 




     A pesar de lo pesimista que pudiera parecer el mensaje de cada canción, si uno lee entre líneas, puede hallarse también una conclusión similar a la que Pink Floyd había propuesto décadas atrás, al final de su obra maestra, Animals: quizá el mundo pueda estar cayéndose a pedazos y seamos francamente insignificantes como individuos ante las monstruosas instituciones que componen el sistema en el que vivimos inmersos, pero aún podemos redimirnos de manera personal si nos concentramos en las cosas que valen la pena y nos esforzamos por fortalecer nuestros frágiles vínculos afectivos.

    Siete años después la premisa de esta obra sigue tan vigente como entonces. Las canciones han envejecido con suma gracia. El problema, por así decirlo, es que Funeral elevó tan alto los estándares del grupo, que incluso un trabajo del calibre de esta Biblia de Neón no logra igualarlo; aunque la diferencia tampoco es abismal. 
Pero para sorpresa de todos, Arcade Fire logró en su siguiente grabación algo que parecía improbable: confeccionó un tercer larga duración que no sólo iguala a sus dos predecesores, sino que es tal vez aún mejor y teminaría por confirmar de una buena vez que lo de estos tipos no era una mera moda pasajera. Lo de ellos iba muy, muy en serio.



«Oh God! Well look at you now!, Oh! You lost it, but you don't know how!
In the light of a golden calf, Oh, God, I had to laugh»